21.2.08

La generación XXL




Para casi un 30 por ciento de los nuevos mexicanos, la primera lucha es interna. Con severos problemas de peso, cada día entran en guerra contra sí mismos. Igual para seguir con un régimen de dieta, que para ponerse los calcetines, amarrarse en la calle una agujeta suelta o para pedir trabajo, hacer amigos y, acaso lo más difícil, tener pareja sentimental. Históricamente han sido el blanco de todo el sarcasmo, de todas las burlas. Ningún sector es tan vilipendiado. Pero no sólo eso: la obesidad mórbida les causa problemas a los pulmones y vías respiratorias, asma, cálculos biliares e hígado graso, diabetes tipo 2, pubertad precoz, quistes ováricos... Los "gordos" son pacientes frecuentes en todo tipo de consultorios médicos. Ganan kilos semana a semana, incontrolablemente, pero además son discriminados. No, esta nueva generación extra extra grande, no la pasa nada bien


Por Pedro Díaz G.
pedrodiazg@eme-equis.com.mx
*(Texto sin edición sin las historias de Ana Mayra y Axel)


I. Quisiera que te murieras ahorita, y así, muerto, te escupo.

Cuando Margarita Boites cursaba primer año en la secundaria número 44, en el oriente del DF, había un chavo de tercero que la perseguía implacablemente.
Le tenía mucho miedo. Mentira. Miedo no, era terror. Ya no recuerda ni su nombre, pero no olvida su cara ni su voz:
“Pinche gorda”, “hay que ir al baño más seguido”, “bolsa de pedos”…
Era tal su angustia que todos los días pensaba cómo hacer para no pasar por ahí y topárselo.
Él nunca se había atrevido a agredirla físicamente. Ni falta hacía. Pero sí la amedrentaba todo el tiempo.
En una ocasión, la ofensa se desbordó: caminaba Margarita por el patio cuando su compañero le aventó un raspado a la falda así, gigante, rojo. Parecía sangre. Se fue al baño a llorar y lloró mucho. Lavaba su falda y lloraba. Lavaba su falda. Lloraba.
Como no entró a clases, sus compañeras la buscaron y al enterarse acusaron al agresor.
La trabajadora social, indignada, llamó a ambos.
Y Margarita se atrevió a decirle al muchacho en su cara todo lo que sentía. “Siento un miedo enorme por ti, pero siento más mucho odio, te lo juro, mucho. Quisiera que te murieras ahorita. Y así, muerto, te escupo”.
La trabajadora social amenazaba al adolescente:
–Te voy a suspender.
–No, por favor, perdóname –suplicaba él a Margarita.
Pero no.
–Nunca te voy a perdonar. Ojalá te murieras.

Tenía 13 años Margarita. Pesaba 110 kilos.
“He sufrido muchas cosas que ni mi familia sabe. Muchas. Fue algo muy fuerte y muy cabrón. ¿Te imaginas, una niña de trece años maldiciendo llena de miedo, ira y rencor? ¿Por qué? ¿Por gorda?”

II. El día en que me gritó la báscula

Carlos es enorme. Con una estatura de casi 1.90 metros, su sobrepeso lo hacía verse realmente gigantesco. Existen fotografías de él, por ejemplo, en su graduación, con más de 150 kilos metidos en una gran toga. Y lo mismo cuenta de las dificultades por encontrar la postura adecuada, sobre la cama, para ponerse los calcetines, que de esa fecha en noviembre pasado, cuando decidió por fin bajar de peso. Carlos:
--Un día al despertar me miré al espejo. Qué terrible: mi reflexión en ese momento era el saber que si seguía yo con ese peso, me iba a morir joven, que a los treinta años ya iba a tener problemas de las articulaciones y todo lo demás. Es tan difícil tomar la decisión de bajar de peso... porque es un proceso muy largo y muy cansado. Pero bien yo sabía que tenía que llegar el punto de tomar una decisión. Y llegó cuando la báscula me grito: 176 kilos.
El día llegó después de varios tropiezos al pedir trabajo. Si no estudiante modelo, si uno que acabó con vastos conocimientos su carrera de Químico. Con seguridad académica llegaba Carlos a solicitar empleo, pero tras cada entrevista salía con esa desazón del que lo ha perdido todo.
--Tampoco fue de pronto, tuvo que pasar mucho tiempo de estarlo pensando. Cómo iba a ser, y estar consciente de lo que vendría. Una decisión así no se puede tomar de un día para otro.

Carlos Torres siempre ha tenido problemas de peso, desde que se acuerda. Cuando era muy niño, "ya era un niño robustito".

--...No gordo, siento que cuando aumenté fue a partir de los 16 años. Ya cuando subí y asumí la responsabilidad de mi cuerpo.

Háblanos de tu infancia, le pedimos, y entre un plato de fruta y cuatro yemas con queso, parte del nuevo régimen que le ha levado de los 176 a los 124 kilos, en diez meses, se adentra en sus vivencias. Y concede hurguémosle.

--Era muy cruel. Digamos que la etapa de la primaria fue horrible, había muchas burlas, recriminaciones. Te sentías muy sólo y no tenías amigos que te apapacharan. No. Yo no recuerdo ningún amigo de la primaria. De hecho recuerdo gente que me trataba bien de niño, pero no, no, ni caras, ni nombres. Estuve en la primaria Miguel Hidalgo, pero tampoco puedo decir que fue una infancia infeliz, el apoyo de mi familia siempre ha sido muy importante. Mi círculo familiar es muy bueno. Y eso equilibra.

--Pero la escuela...
--Sí, fue difícil cuando entré a la primaria. Porque uno está acostumbrado a cierto ambiente en tu casa, no hay burlas. Y en cuando llegas ahí, te lastiman. Y sí, es bastante duro, pero yo salí bien librado. Acabé, digamos. También fue porque entré muy chico, un año antes. La etapa de secundaria fue más fácil, la gente es un poquito más grande, ya existen más consideraciones para los demás; aunque hay de todo, también había muchas burlas. Y sí, por supuesto que te lastiman.


III. Los niños no están comiendo bien.

Esa combinación de dietas erróneas, aunada a la falta de ejercicio, ocasiona no sólo exceso de peso sino personajes mórbidamente obesos. Y esto no es un mero calificativo. Significa que su inusual tamaño les conducirá inevitablemente a una muerte prematura por enfermedades como diabetes tipo dos o enfermedades cardíacas.

Su cotidianidad son las charlas sobre los nuevos regimenes nutricionales, las bandas gástricas, o sujetar con grapas el estómago, cirugía que les representa la única opción para asegurarse un mejor futuro.

Pero no. Después de pagar decenas de miles de pesos ese futuro se vuelve angustiante realidad que conlleva, después de graves síntomas de desajustes, a una obesidad aún mayor que la inicial.

Hoy los niños presentan dolencias antes únicamente diagnosticadas a los adultos. Problemas pulmonares y en vías respiratorias, asma o alteraciones respiratorias durante el sueño; cálculos biliares e hígado graso, diabetes tipo dos, pubertad precoz, quistes ováricos y atrofia del órgano sexual masculino; insuficiencia renal por diabetes, trastornos en el metabolismo de las grasas, colesterol alto, hipertensión, tendencia a la trombosis e inflamación de los vasos sanguíneos; deformación en los pies, deformaciones de las piernas hacia dentro o hacia fuera, deterioro de la cabeza del fémur y riesgo de fracturas del antebrazo; trastornos neurológicos y psiquiátricos, como un ligero aumento de la presión intracraneal, dolores de cabeza y alteraciones de la visión y depresión... Pero hay algo mucho peor: la baja autoestima.

IV. Ni lo pienses, gordita chistosa...

Ya tiene novio Margarita. Se llama Leonel y juntos cursan filosofía. Por su propia condición, por su gordura, pues ya pesa 150 kilos, ella todo se lo perdona. Leonel la hace como quiere.
Él toma mucho, así que un día Margarita lo alcanza en la facultad, lo acompaña a beber y ya borracho Leonel la agrede: “Qué dijiste: a este güey ya me lo conchabé. No, gordita chistosa, ni lo pienses...”
A ella no le importa. Todo lo soporta por irse con él, como se lo había prometido: “Quédate a dormir conmigo”, le pidió Leonel.
Ella, fascinada: “Sí, órale. Sí, sí…”
Pero luego la insultó: “No, mejor me quedo con la otra chavita que me vino a ver”.
La burla le encendió la sangre. Margarita tenía una cuba en la mano y estalló:
“¡Qué te pasa! Eres un pobre pendejo, y yo más de pinche imbécil, por estar aquí oyéndote. Pinche mono. ¡Chinga tu madre cada vez que te lata el corazón. Cada vez que respires!”.

V. Clásico: rompí una banca.
En la primaria Carlos una vez interrumpió la clase con el estruendo de sus casi 60 kilos cayendo de súbito, ante las miradas y las risas burlonas de sus compañeros. Pareciera un lugar común. No lo es.
--Yo ya no quería regresar a la escuela. Porque si bien había mucha gente que se burlaba de mí, ese momento fue especialmente desastroso. Yo viví muchos, muchos, muchos años pensando y asegurando que la rompí por mi peso. Porque era una banca normal y yo era el anormal. Pero ya con el paso del tiempo, ya con más lógica piensas que esa banca estaba mal, de algo, que no la pude haber roto: si yo pesaba en ese entonces unos 50 kilos, ó 60, ¿por qué se sentaban adultos de 70 u 80 kilos sin problemas? Ya reflexionándolo siento que yo no la pude haber roto.
El dolor físico nunca pudo compararse con lo angustiante de los años por venir. A muchas de las anécdotas de Carlos les ha salido una coraza. Como un acto de defensa no logra recordar bien a bien los insultos, los malos ratos, las humillaciones. "Los tengo bloqueados", advierte.
Y cuenta:

--Ese día me pegué horrible, estaba yo en la orilla, era uno de esos mesabancos donde caben dos niños, y yo estaba en la orilla, se rompió y quedó una tabla como rasgada que me rasguño la espalda durísimo, pero lo que más me acuerdo no es del dolor sino de las burlas. Horribles. Iba en cuarto año. El maestro me defendió. Yo creo que por eso recuerdo hasta su nombre: Humberto Jaimes Jaimes. Era malo, académicamente, un normalista. Pero me defendió.

VI. Una condición muy seria, llena de comorbilidades graves

Un estudio del doctor Carlos Valdés, del Instituto Nacional de Pediatría, advierte que es inmenso el número de obesos en México (al menos unos 37 a 40 millones, más de 60 millones en Estados Unidos y 1,700 a nivel mundial), que requiere disponer de medios y medicamentos más baratos; más seguros y con un alto índice de efectividad como son los utilizados para campañas contra el tabaquismo o el SIDA.

Habla de de la obesidad en adolescentes como un problema de salud pública que va en aumento en México. Y asegura que la obesidad mórbida en este grupo de edad ha creado esta generación extra-extra grande.

“En base a los nuevos conocimientos de fisiopatología y genética de la obesidad, los médicos y la sociedad deben dejar de estigmatizar a los obesos, que más que segregación o crítica necesitan ayuda. La obesidad mórbida es una condición muy seria, llena de comorbilidades graves, que acortan la esperanza y la calidad de vida. Los métodos de tratamiento tradicionalmente aceptados en consensos nacionales e internacionales en esta subpoblación, únicamente prescriben dieta, ejercicio y cambios en el estilo de vida, con resultados, modestos y temporales en forma universal.

“La administración de medicamentos en menores de edad, aunque con peso, talla, superficie corporal o IMC de adultos o mayores, no ha sido aceptada, probablemente por sus posibles efectos colaterales y de adicción. En estos casos graves debiera valorarse el costo riesgo-beneficio del uso de medicamentos, ya que el efecto generalmente es mayor en pérdida de peso y aumenta 5 a 10% adicionales con dieta y ejercicio.

“La obesidad en Estados Unidos es ahora la segunda causa más frecuente de muerte con 300,000 decesos por año, lo que equivale al 14% de todos los fallecimientos y tiene un costo estimado de 238 billones de dólares. En México también son alarmantes los índices de obesidad en adolescentes y adultos, especialmente en mujeres. La cirugía bariátrica hasta ahora, ha sido el único medio eficaz a mediano y a largo plazo para tratar la obesidad mórbida. Es hora de valorar muy seriamente realizarla con más frecuencia en adolescentes que estén terminando de crecer antes que aparezcan comorbilidades que afectan su esperanza y calidad de vida”.


VII. ¿Alguien sabe?
No me quiero embarazar pesando 130 kilos, como ahorita. Es más, no sé si podría embarazarme, no lo sé, nunca me he embarazado. ¿Alguien lo sabe? Sí siento a veces como que mi reloj de mujer para ser mamá se me está terminando. No sabes. Soy todo un estuche...


VIII. No te puedes ir peleando por la vida
Carlos sigue ese con su interminable repaso por la época escolar.

--Sin duda llegaste a odiar a varios.

--Ah, por supuesto. Lo bueno fue que me tocó un buen grupo, de amigos. De haberme tocado en algún otro, en cualquiera, las cosas hubiesen sido mucho más difíciles, en donde las burlas eran despiadadas. Cuando estás así de gordo no sólo te señalan, sino que te conviertes en un punto de referencia: "Del gordo para atrás", "junto al gordo", "el gordo de allá". Eso pasa. Ahí en la escuela empezaron los primeros rechazos dolorosos, porque te comienzan a gustar más las niñas, y claro que hay distinciones, por supuesto. A ti no quieren ni voltearte a ver. En la secundaria, por ejemplo, es una etapa en la que en vez de tu apellido te llaman "chaparro" por chaparro y "negro" por moreno. El alto, el de lentes, el feo… Es muy difícil cuando vas por la calle y pasa el camión de la basura y el camionero te grita…

--¿Qué te gritan?

--Uf… Ene cosas, bien ofensivas. O cuando vas en la calle y te apuntan con el dedo. Sí, es difícil, la gente que ni conoces es muy manchada.

--¿Te has llegado a pelear?

--Varias veces. En una, nos hicimos de palabras, porque me gritó algo, no me acuerdo qué. Era un chavo más chico de tamaño pero más grande de edad. Yo iba en primero de secundaria, y en la vida me había peleado. En la vida. No sabía pelear. Pero ya notaba la diferencia, yo era más alto, y mucho más pesado. Y respondí con un golpe que me intentó regresar, pero no. No pudo hacer mucho. Le dejé ir mi peso y bueno, pues cayó, no fue tampoco la gran pelea. Pero vencí. Y gané algo de respeto. Fue en la escuela, en la secundaria. Pero no te puedes ir peleando por la vida. Y eso lo entiendes hasta la primera vez que pierdes. Y en la calle, yo de 15 años, si pasa alguien de 20 ó 25 ó 30 y me grita algo, pues no. No me voy a enfrentar.

IX. De quién es la culpa.
Los analistas se han dedicado a investigar en los últimos tiempos, cuáles son los factores para el surgimiento de esta nueva generación y entre ellos se encuentra la gran cantidad de comerciales de comida chatarra emitidos en la televisión durante las horas de dibujos animados, el bajo número de horas dedicadas diariamente al ejercicio físico moderado recomendado para los niños: 60 minutos; e inclusive se ha descubierto cosas tan inverosímiles como que últimamente se ha multiplicado el riesgo de que los hombres que observan más de 21 horas semanales la televisión, están en mayor riesgo de contraer diabetes. Pero la obesidad mórbida no es problema local. Millones de pequeños en el mundo sucumben a la tentación de una buena tarde abriendo las puertas del refrigerador. Obligada por los números, alertó la Organización Mundial de la Salud: estamos ante la plaga del siglo XXI, una amenaza que afecta por igual a países ricos o pobres.

X. El enemigo tres veces al día.

Yo creo que fui de las primeras de esa generación extra extra grande de la que hablas. Yo siempre fui gorda. Y ahorita en esta época volteo y veo pura gente gorda. Yo antes causaba mucha sensación, porque era una niña muy muy gorda. Pero era la única. En la secundaria era la más gorda, tengo mi foto de segundo de secundaria y yo era la única gorda. Si acaso una que otra gordilla, pasadita. Pero ahora volteo y la que no está como yo está más. Fui a ver al ginecólogo, por que me dio mucho miedo después de que se murió una amiga a la que le decíamos la gorda. Y aparte porque de gordo te dan muchas culpas. Por que mira, un alcohólico, es una persona que, si dice no tomo, no toma. Sí le da el síndrome de abstinencia, sí le dan ganas de chupar, pero se aguanta. Un doctor me decía: es un vicio. Y otro cuate no, no es un vicio. Es un exceso. Y otro más, y en eso yo estoy súper de acuerdo: con el alcohol tú cierras tu cantina y no la vuelves a abrir en seis meses, porque sabes que te hace daño. Pero la comida es algo con lo que tienes que lidiar, diario, tres veces al día. Por lo menos. Y eso sí está muy cabrón.

XI. No existe el gordito feliz.

Mucho menos, cuando se trata de asistir a entrevistas de trabajo, pulcramente vestidos pero con decenas de kilos de peso destrozando cualquier buena presentación.

--No, terrible, hay muchísima discriminación. Esa fue una de las cosas claves por las que decidí ponerme a dieta, porque iba a las entrevistas y no me llamaban, y no me llamaban. Hubo una muy clara, para una empresa farmacéutica, como representante médico. A mí no me interesa esa área de la química, pero como no tenía nada, yo iba a todas. Hacía todas las entrevistas. Esa empresa está en el World Trade Center. Me acicalé bien, fui de trajecito y todo. A llegar me dieron la solicitud, salió la entrevistadora y no me recibió, de plano. Nada más me vio, y fuum, me barrió de arriba para abajo, y me dijo "no, no te puedo hacer la entrevista". Le pregunté, por qué no. "Es que en el anuncio decía buena presentación", respondió. Y yo: "pero vengo de traje". "No", me dijo, "no te puedo atender". Era más que obvia la razón: el sobrepeso. Igual en otro lado. Y en otro y en otro.

Una vez fui a hacer otra entrevista donde tampoco me aceptaron. Reunía todos los requisitos. Todo iba bien, pero al final el entrevistador me empezó a preguntar cosas como: "Dígame, y de su vida qué cosas quisiera mejorar". E inconscientemente, o más bien muy consiente uno trata de evitar el tema del peso. Uno piensa, no pues el idioma, tal vez. Mejorar el inglés. O sea, uno le da la vuelta. Y yo sabía que era con respecto a la gordura. Hasta que fue directo y me preguntó: "Qué piensas hacer con tu peso". Y sí me dijo, "es algo difícil, realmente. Mira, aquí no te podemos contratar". Y me advirtió: "creo que muy pocos lugares lo harían". Pues sí.

--Cómo saliste ese día de ahí.

--Mal.

--¿Deprimido?

--Preocupado, muy preocupado. Y sí, inmensamente triste, tan triste como nunca jamás. Ese día, como ningún otro, llegué a la conclusión de que no existe el gordito feliz. es una farsa.

XII. Los grupos vulnerables.

Hay una predisposición para desarrollar esta enfermedad. Para obtener ese exceso de peso ante el
medio ambiente, los grupos con más proclividad son:

• Adolescentes con trastornos en la alimentación (bulimia, comedores compulsivos).
• Genéticamente susceptibles para la obesidad en edades pediátricas.
• Hijos de ambos padres obesos, diabéticos o con los dos problemas.
• Discapacitados físicos, mentales o de formas mixtas con alimentación «normal» (bajo gasto calórico).

• Normales con alimentación anormal.
• Normales con cambios en el estilo de vida.
• Descendientes de familiares con síndrome de resistencia a la insulina.
• Niños de bajo peso para la edad gestacional o prematuros.

• Niños menores de tres meses que reciben comida inadecuada para su edad: sustitutos de leche con fórmulas hipercalóricas

XIII. La vida es una dieta
Toda mi vida he sufrido de sobrepeso --se confiesa Erika Astorga--; desde los 3 años de edad he estado bajo control de peso. Y sí, para mi era muy desagradable estar a dieta en mi infancia, porque no podía comer sandwiches, ni leche con chocolate, ni dulces ni galletas. De hecho mi lunch eran verduras y cosas no engordadoras, por lo que me acostumbré mejor a intercambiar mi lunch con mis compañeros.
Todo eso no lo entendí, hasta que crecí y me di cuenta que en educación física se reían de mi, mis compañeros, por no hacer los ejercicios y, por supuesto, me reprobaban.
A veces esos insultos no los tomaba en cuenta, pero llegó un momento en que me convertí en mi peor juez, y en un juez muy severo. Todo me criticaba por mi aspecto. Decidí seguir una dieta muy dura y lo único que conseguir, aparte de bajar peso, fue lastimar a mi cuerpo, con mucho ejercicio y con el sacrificio de no comer, lo cual me trajo como consecuencia unas úlceras terribles y unas migrañas que no había pastilla alguna que les sacara de mi cabeza.
Afortunadamente en mis empleos no sufrí discriminación por mi sobrepeso, pero sí en cuestión de que algún muchacho se fijará en mí. Eso sí que duele y es difícil, ya que los hombres siempre las prefieren delgadas y no se fijan en cómo son.
Toda mi vida ha sido una dieta. Hasta la fecha sigo luchando contra el sobrepeso. Pero lo peor es que ahora tengo un hijo y sufre de lo mismo. Yo me la paso entonces tratando de que su dieta no sea tan severa como la que yo llevaba y haga más ejercicio para no tener sobrepeso. Espero en verdad lograrlo. Por su bien.

XIV. Los doctores no me creen

Margarita desde siempre ha intentado lo imposible: bajar de peso. Va con un médico y con otro y con otro, con nutriólogos, con sicólogos, con bariatras. Todos le recetan hacer una dieta…

"Y es que lo ven muy sencillo. Todo es muy sencillito, mire: vamos a hacer esto, y vamos a hacer esto otro. Y yo, sí, está bien. Y en una semana bajo medio kilo; y en la próxima subo un kilo. Y yo digo: qué pasa. Y te empiezan a dar culpas. “Pues es que ya estás vieja. Ya está ruca, tu cuerpo ya se amacizó”.

Asistió alguna temporada con un médico de nombre David Picaso. Un personaje sensacional.

Ella le decía me siento muy mal, tengo unos dolores de cabeza enormes y él como se metía en su personalidad, la trataba muy bien, y le seguía recetando una dieta de hambre.

--Y no. Nunca me creyó. Yo dejé de ir con él porque nunca me creyó. Me decía: “Sí, ya sé, los gordos, sus mañas… Se inventan cosas…” Nunca me lo creyó. Y bueno, pues a visitar a otro.

Y las dietas. "Y ya salió una nueva receta para adelgazar. Y ya salió una nueva dieta. Y todo lo que habías hecho anteriormente, no sirve. Y ahorita lo inn, ahora sí que hasta de moda se habla, es tomar mucha agua, hasta dos litros al día. Y que además sea cero sales. Ya ni el agua es lo mismo: no tomes la de sales porque te sube la presión, te dicen… Y es algo bien difícil. Antes no se hablaba de tomar agua. Ha habido un cambio de sensibilidad. Tú ibas a una casa de visita, un domingo a comer, y jamás te decían si querías agua. No. Era hasta de mala educación. “Quieres un refresquito o una cerveza”… Era muy diferente. Y ahora: “¿No te tomas cuatro litros de agua diario? Uy, entonces no estás inn.

XV: Sinónimos de pecado capital.

Existe una gran carga de estigmatización y discriminación hacia los pacientes obesos y se considera que ellos mismos son responsables de su problema: se dice que son flojos, débiles de voluntad; incluso la glotonería se considera un pecado capital.

Se ha demostrado que las pérdidas modestas de peso entre 7 y 10% reducen significativamente la morbimortalidad. Sin embargo, estos logros rara vez satisfacen a las personas obesas, quienes desean tener un peso normal; los adolescentes, incluso desean tener un peso por debajo del normal para su talla y constitución.

De no atenderse con dietas, ejercicio y un cambio en el estilo de vida, los pacientes están condenados a sufrir situaciones como problemas de actitud y psicológicos.

Advierte en su estudio el doctor Valdés:

"Se debe explicar honestamente que para la obesidad mórbida, con los medios actuales no es posible alcanzar un peso "ideal" y menos el peso de los estereotipos de modelos y personajes famosos.
"Es casi inevitable que el adolescente no haya oído, sido aconsejado o leído escritos o publicidad audiovisual acerca de maneras maravillosas, instantáneas, sin riegos para bajar de peso sin ningún esfuerzo o riesgo. Periódicamente se vuelven a publicar las maravillas de las dietas como la de luna, la baja en carbohidratos, o alta en grasas, la vegetariana de jugos de vegetales, etcétera.
"Cuando sea posible se debe referir al paciente a un experto en nutrición clínica con experiencia en obesidad. Puede ser en centros o instituciones hospitalarias, pero es poco realista en la consulta privada. Además, en los últimos años han egresado de diversas escuelas de nutrición, licenciadas en nutrición con poca o ninguna experiencia médica que trabajan sin supervisión, no asociadas con médicos, que piensan que sólo con una buena orientación y una dieta el problema se podrá
resolver. El papel de la NOM en obesidad no señala nada respecto a esta función para tales especialistas."

XVI. Las dietas son terribles

Carlos tuvo que aprender a ser más tenaz que nunca y logró finalmente contratarse en una farmacéutica mexicana en la colonia Portales.

--Yo tuve un intento de bajar de peso entre 2003 y 2004, pero iba con un nutriólogo, y bajé mucho, no tanto como ahorita, bajé unos 20 kilos. Pero después subí el doble. La dieta era pésima, yo vivía con hambre, era horrible. Me sentía muy muy mal.

Un día pensó que le aquejaba un dolor en el corazón. Su padre murió por un infarto, así que tenía antecedentes. Pensé: me está dando un infarto ahorita. Fuimos al doctor y me dijo no, lo que pasa es que tuviste un dolor muscular, consecuencia del cambio de temperatura y, claro, por tu peso. Los músculos se cansan de cargar tanto peso.

En esa clínica le recomendaron con una licenciada en nutrición. Le dijeron que era muy buena. Empezó a ir, pero no aguantó la dieta. Le mataba de hambre.

"Y es que realmente cuando hay problemas endocrinológicos, no sólo es el problema de peso, sino muchos otros problemas. Y yo estaba acostumbrado a comer muy mal, muchísimo. Y mucha grasa, muchos carbohidratos. Muchísimos. Yo vivía llenísimo. Ahorita ya lo puedo decir, pero así es. Cambiar a una dieta de restricción, de golpe, es terrible. Terrible. De hecho es bien común el atasque un día antes. La despedida. Como mañana entro en dieta, pues me voy a atascar. Y pues sí, pero entonces esta doctora me daba dos claras de huevo en la mañana y a las cuatro horas, cien gramos de queso.

"Sí bajaba, pero descompensadísimo. El dejar una dieta te impulsa a comer mucho, otra vez. Pero mucho. Y entonces volví a subir, yo estaba pesando 150, bajé a 135 y cuando empecé esta dieta llegué a pesar 176. Y cuando me pesaron yo no lo creía. Ah, porque aparte, yo estaba conciente de mi peso, es decir, sabía que pesaba mucho, pero no quería saber cuánto. Siempre les temí a las básculas".

XVII. Papá odia a los gordos.

Sufrió Margarita cierta velada discriminación familiar. Numerosa familia, tuvo la mala suerte de que su padre, lo confiesa, era doblemente racista. No soportaba a los morenos ni a los gordos. Y ella, desde niña, fue un motivo de vergüenza para él, e inclusive para sus hermanas.

--Mi hermana Rosario siempre me trató muy mal. Y bueno, hasta mi papá mismo me dijo alguna vez: "Pues qué pasa contigo. Yo creo que Chayo o la Chona comen mucho más que tú. No entiendo por qué estás tan gorda". Y siempre desde niña, sientes muchas culpas. Sientes que no te mereces el estar delgada, e incluso yo he intentado entablar relaciones así. Pero no te mereces nada porque así te lo han hecho creer. Y todo el mundo se ha preocupado por que bajes…

"Pero siempre las bromas giran en relación con los gordos. Yo me acuerdo mucho que cuando entré a la escuela de enfermería, yo no estaba tan gorda. Y decían. "Cásate con Margarita, ándale, es súper a todo dar. Nomás no le das de comer". Y sí, esas eran las bromas de mis compañeras. O me enseñaban un refrigerador, así, vacío. O cuates que te decían: "pues yo sí estaría contigo, pero"… Son cosas que sí marcan tu identidad.

La agresión venía, en ocasiones, del mismo seno familiar. Margarita.

--Fíjate que de mis hermanos los chicos yo sentía como mucho amor. De mi hermana Asunción, muy así, muy protectora de nosotros, también mucho amor… Pero hay una hermana que se llama Rosario. A ella le daba mucha pena que yo estuviera tan gorda. Ella me lleva 13 años. Y siempre me trató muy mal. De niña me trató muy mal, muy manchada, me pegaba. Mis papás nunca me pegaron y ella sí, a escondidas. Y tenía un novio dueño de una paletería. Ella me decía, acompáñame con José Luis, ándale, y te comes una paleta. Y el paletero le comentaba a mi hermana, "oye, por qué Margarita está tan gorda. ¿Qué no le ponen atención?" Y a Chayo eso le daba mucha pena. Y yo pensaba cómo ella, si yo tenía 10, ella tenía 23, y ya era una mujer, por qué no le decía: "Con mi hermanita no te metas, güey. O qué chingaos te importa esté como esté, tu yo somos novios, pero ella qué". Pero no. Al contrario. Ella me insultaba o me hacía llorar delante de la gente. Me amenazaba: “A ti no te compro ropa porque no te queda”. Y ahora sale con que sufría mucho por mi gordura. No creo que nunca tanto como yo.

XVIII. Por un manejo especializado
Prescripciones médicas, operaciones bariátricas, dietas, ejercicio, nuevos hábitos. Todo debe influir en la cotidianidad de este gran sector de personas para las que su tormento se repite cada seis horas, al desayuno, la comida y la cena. Por ello el doctor Valdés vierte algunos consejos a seguir.
"Al adolescente no le gusta, no tiene tiempo o bien, sabe sus propias limitaciones para el ejercicio, entonces, se ha observado que prefieren actividades para las que no tienen dificultad. Al principio, caminar es la única opción viable. Explicarles que el ejercicio por sí solo no es suficiente para bajar de peso, pero ayuda a mejorar la circulación.
"Otros problemas son la bulimia nervosa, comedores compulsivos o el uso de sustancias que causan adicción. Estas situaciones requieren manejo especializado multidisciplinario. El adolescente es reticente a recibir tratamiento, especialmente si existen problemas de relación con la autoridad familiar.
"En cuanto al estado socioeconómico y familiar, la obesidad es mejor vista entre más bajo es el nivel socioeconómico; de hecho, este estrato de bajos ingresos sabe que la dieta, el hacer ejercicio y los medicamentos pueden estar fuera de su alcance. Se debe explicar que la comida barata no lo es tanto y que una gran parte de la de bajo precio está muy mal balanceada y contiene mucha grasa y muchas calorías. Comer mal es más caro que comer en forma saludable. Es absolutamente necesario pertenecer a un club o grupo especial de dieta.
"Es frecuente encontrar sabotaje intrafamiliar. Es necesario tener la participación y apoyo de la familia. Las dietas familiares altas en grasas y carbohidratos, se deben evitar. Y por supuesto, ver la posibilidad de una cirugía bariátrica. En el año 2000 la Sociedad Americana de cirugía bariátrica estimó que se realizaron alrededor de 40,000 procedimientos. Debido a que la frecuencia y la prevalencia de la obesidad mórbida ha aumentado continuamente en los últimos 20 años, el número de operaciones se duplicará o triplicará en tanto no se encuentre una solución al problema o problemas genéticos señalados o se tengan medicamentos eficaces, seguros y a un costo razonable".

XIX. El Vobo del doctor

A Carlos su entrevistador le ofreció una plaza de becario, en el área de control de análisis físico químico. Dependiendo de su trabajo, le contratarían o no. Y sí, se quedó. Estuvo seis meses ganando apenas. Sobreviviendo. Pero no fue todo. El día que tenía que entregar los documentos para oficializar su ingreso, le tocó pasar también con el médico.

"Y pésimo, el médico. Pésimo. Ya estaba todo, los papeles ya estaban. Lo único que requerían era la firma del médico. Y no me la quería dar. Él me dijo, súbete a la báscula. Pero su máquina sólo pesaba hasta 160, y entonces yo ya tenía unas dos tres semanas a dieta, y yo ya iba bastante animado, porque en la primera quincena de la dieta bajé siete kilos, pero en ese momento aún no pesaba 160, venía de los 176. Y yo sí sabía bien mi peso, y le dije "no, esa báscula no me va a alcanzar, estoy seguro. Estoy yendo al médico y estoy tratando de bajar de peso y ya estoy muy conciente de eso". Pero el lo condenó: "No, es que no lo vas a lograr. La gente como tú no lo logra. Tienes que ir con un sicólogo, si no, no. Y además, bajar tan rápido...así se te va a colgar la piel, vas a tener muchos problemas". Y yo le dije: "aunque baje lento de todos modos se me va a colgar la piel. Peso muchísimo". Y entonces él: "No, es que esto podría traer problemas para la empresa". Y yo entendía, les da miedo que te pase algo, un infarto, o algo así. Y que tengan que pagar ellos los gastos médicos, eso es lo que les da miedo. Y ahí fue cuando le dije, yo vengo por una plaza de químico, no de cargador. Y pues ya, me le puse muy duro. Concedió: "Está bien, te voy a dar el visto bueno, pero con mis reservas. Y eso puso en su evaluación, así, como "sí apto para el puesto" pero que él no se hacía responsable de lo que pudiera pasar en el futuro.

XX. Diagnóstico: infestada de tumores.

Yo conozco muchos doctores, bariatras --cuenta Margarita--. Después de asistir con David Picaso, quien siempre me vio como muy falta de un papá, de un hombre que me quisiera, entonces él como que adoptaba ese papel. Y te trabajaba y te trabajaba. ¡Pero me mandaba una dieta de hambre! En la mañana era frutita, a mediodía carne asada con verduras y en la noche otra vez frutita, sin ningún inhibidor del apetito. Ah, y te tenías que tomar tres litros de agua al día. Obviamente con el tiempo tu cuerpo está medio tocado. Entonces yo le decía: “Sabes qué David, estoy muy mal. Me mareo mucho. El agua me da mucha náusea. Yo antes me tomaba 10 litros de agua en un día y no me pasaba nada. Pero ahora tengo que cuidar mucho eso porque se me baja el potasio, así de rápido. Y parece que todo el día ando borracha. De veras. Hasta se me va la cabeza de lado.

XXI. Hasta los niños, se manchan.
Bajo de peso porque las ofensas eran de muchos tipos y de muchísima gente. Aún después de la dieta, haciendo ejercicio, continúan molestándolo en las calles. Comenta Carlos, hasta con cierta sonrisa de resignación.

--Salía en bicicleta y no falta el que va despacito en su coche y me grita igual!Puerco!, !marrano! Y sí es un hombre así ya grande, les puedes decir algo, pero el otro día iba yo en la bici y un niño como de doce años me gritó cosas. Hasta los niños se manchan. Y ahí qué haces, ni modo de tirarlo, porque él también venía en bicicleta, y casi se cae para poderme gritar. Pero lo hizo. Ni modo de pegarle a un niño.

XXII. Ya estoy harta

La verdad es que yo estoy harta. De que toda mi vida gire alrededor de lo mismo. Ahorita, para venir aquí, me desperté muy temprano, porque tomo agua todo el día. Voy al baño todo el día y toda la noche. Me levanté en la madrugada al baño, y ya no pude dormir. Y dije: bueno, voy a aprovechar para dejar la comida hecha. Verduras y eso, que son tan laboriosas.

Toda mi vida ha girado en torno al peso. Y fíjate que yo nunca me he sentido mal, físicamente. Apenas hace como de un año para acá, empiezo a sentir molestia en las rodillas, un poco de presión alta. Y bueno, no tengo ni el pie plano, ni nada de eso. Y entonces me dije: qué nunca voy a acabar una carrera, nunca voy a hacer nada, nunca… Ya estuvo. Ya no me voy a preocupar del peso, bueno ya… Pero en una semana subo cinco kilos...Ya no sé qué hacer, para dónde hacerme, a quién consultar. Ya estoy desesperada.

XXIII. Los gorderos sólo van por el varo
Un obeso crece falto de muchas cosas, falto de todo y con mucha carencia de autoestima, "te dices no me merezco nada. Sientes una gran culpa por algo que no hiciste", revela Carlos Hernández.

--¿Siempre le huiste a las básculas?

--Sí, siempre, siempre. Yo realmente nunca supe cuánto pesaba exactamente, yo sabía que muchísimo, pero cuando me subí y pesaba casi 180, noooo, pues es terrible. Eso fue en octubre del año pasado. Y ahorita peso 124. Estoy yendo con médico que se llama Alejandro García. Creo que es un buen médico. A final de cuentas también es un gordero, yo así les digo a todos los que tratan con gordos. Yo nunca fui a muchos, fui a uno que otro, pero todos pésimos. Llegas, te pesan y te dan tu medicina.
--Y te regañan, también.

--Muchos ni eso, porque es rápido, no. El varo, el varo. Y te dan anfetaminas, por supuesto. Hay pruebas muy fáciles para detectar si te están dando anfetaminas, y yo particularmente, por ser químico, tenía la posibilidad de hacer algunas pruebas. Claro que te dan anfetaminas, por supuesto. Y este médico da medicina homeopática, yo no creo, que se trabaja con energías, y todo eso. Yo no creo, pero yo me tomó sus chochos y a veces ni me acuerdo de tomarlos. Pero lo importante es la dieta. Y él da una dieta acorde a como vas avanzando. Sí me sentía mal al principio. Y eso me dijo él: me tenía que sentir mal, porque mi cuerpo estaba acostumbrado a recibir cantidades muy grandes de azúcar y de grasas, y al eliminarlas, pues el cuerpo responde.

--Y qué sentías, ¿mareos?...

--Mucho cansancio. Pero mucho mucho. La primera semana trabajando sentía que no la acababa, cuando llegaba la hora de la salida era horrible, llegaba aquí a la casa y a dormir. Era un cansancio inpresionante. Y se debía un poco a la chamba y otro poco a la dieta.

XXIV. Una cita con el brujo

Te lo juro que yo me he inyectado muchas cosas en el cerebro, me he inyectado seguridad para poder sobrevivir. Una vez en la facultad una amiga me dijo, oye, vamos con un brujo. Y yo, que no creo en eso, ni en las cartas, ni en el café, jamás he creído en algo así, fui. Pues claro, para adelgazar. Pues qué buen pedo, vamos, ¿no? Y el brujo, en realidad él se autonombraba brujo, era en realidad un güey a toda madre, ¿no? Y ya que nos empieza a ver los ojos. Y no, pues tú tienes esto y tú tienes lo otro. Y nos dijo, a ver, esto se va tratar de no alimentar más la enfermedad. Vamos a hacer un ayuno. Y sí, a mis amigas les mandaba ayunos de una semana, de diez días. Pero al mí sólo al verme me recetó, de broma, un año de ayuno, pero en serio: 26 días. Y al día 18 de no comer, cuando yo de verdad olía el aroma de los tacos a 20 cuadras de la casa, teníamos que bebernos nuestra orina. Yo, que no creía en eso, lo hice. Me la tomé. PUes cómo no: si el brujo me prometía una figura esbelta, delgada. Claro que valía la pena...

XXV. Una pirámide que se invierte

No, no la está pasando bien esta nueva generación XXL. Cada día unos 40 millones de mexicanos pierden esa guerra contra sí mismos. Y sí, ningún sector es tan vilipendiado. Ganan kilos semana a semana, incontrolablemente, pero además son siempre discriminados. No entran en las puertas de ciertos microbuses, ocupan doble espacio en el metro, no hay zonas especiales ni mobiliario para ellos. Y lo peor: afirman los especialistas que la pirámide generacional, que antes se sostenía por una base grande de niños y jóvenes, se está invirtiendo. Ese sector antes mayoritario muere de a poco debido, entre otros padecimientos, a la obesidad mórbida. Con el tiempo será más angosta esa base de la pirámide, y la mayoría de la población sufrirá de diversas enfermedades crónicas. Sociedad, instituciones, médicos, legisladores, han iniciado una cruzada para atacar la obesidad. Pero los resultados han sido insuficientes.

XXVI. Un favor en voz baja

Hace poco --finaliza Margarita Boites-- me subí a uno de esos peseros que son combis. No había lugar atrás, pero sí adelante, al lado del conductor. Trabajosamente me subí, pero al sentarme escuché así, muy bajito, su reclamo. Me dijo: "si no me pagas doble, no te subes"... Pero ya estaba arriba: te fijas, pretendía bajarme. Yo le contesté también así, como en un murmullo: "Cóbrame triple, pero no lo digas fuerte, no lo grites, por favor".




10.2.08

Ocho momentos del narco que conmovieron a México




Pedro Díaz G. / Enviado, y Humberto Padgett

Uruapan, Michoacán.– Bajo el cielo purépecha, donde en este 2006 más de un hombre muere violentamente cada día, cinco cuerpos están desaparecidos. Sus cabezas, cercenadas, arrancadas del torso con cortes casi perfectos, de cirujano, forman parte de una diabólica crónica cotidiana, del temor, de la impunidad y de esas historias de asesinos que no sienten otra cosa sino un acendrado desprecio por la vida.

Las nuevas anécdotas sanguinarias hablan de cabezas tiradas sobre la pista de baile del bar Sol y Sombra, cuando los lugareños disfrutaban de la velada.

Pero, ¿y los cuerpos?

–Ya aparecerán –dice con certeza don Francisco Magaña, asistente del forense en Uruapan; hombre experto en el manejo de cadáveres, quien tuvo en sus manos estas cinco esferas de piel desgarrada y hueso–… Sólo hay que ponernos muy abusados.

Su voz parece quebrarse por la desazón. Y como si fuese parte de la sabiduría heredada por sus ancestros, fija la mirada, y desde la sala de su casa, advierte:

–…Hay que buscarlos en el cielo. Porque ya cuando los zopilotes andan haciendo rueda, cuando se ponen a revolotear, nomás nos vamos pa´bajo en línea recta, y allí los vamos a encontrar.

Este hombre de 58 años ha pasado los últimos 30 lidiando con “los cuerpos”. Suena el teléfono y sabe que hay trabajo por hacer. Profesional de lo grotesco, esta semana no ha sido de las más afortunadas para él. Por sus manos pasó el terror de manipular cinco cabezas.

–…Yo nomás los miraba, así, detenidamente. De cada uno se hace un reporte: circunferencia del cráneo, color de piel, tipo de cabello, labios gruesos, delgados… Trabajo de rutina. Pero esta vez eran cinco… Me ponía a pensar cuánto sufrieron, pero sobre todo cómo alguien es capaz de cometer un acto así. Ya ni los animales.

Reflexiona don Francisco Magaña cuánto sufrimiento se inflinge, no sólo a los ejecutados, sino a sus familias. Medita y trata de adivinar de qué manera fueron arrancadas las cabezas…

–Cuando las miré en el hospital, sobre la plancha, sí me asombré, la verdad. “Mira nomás, lo que te tenemos”, me dijeron. Sí: fueron cortes limpios, muy fuertes, de tajo.

–¿Con machetes?

–No estoy seguro: el machete no entra. Se toparía con las vértebras, con el hueso, y se atoraría… No. Hasta pienso que pudo ser con una guillotina mecánica. O de un hachazo, pero bien dado. Sólo así...

Ladran los perros.

A las afueras de su casa, una vieja Combi sirve para hacer parte del trabajo: en ella transporta los cuerpos, cuando hay que ir por ellos a alguna alejada región. Otros le llegan al hospital civil de Uruapan, lugar al que acude apenas hay necesidad. Huele intensamente a formol este vehículo, pues en ocasiones transporta cuerpos, o pedazos de cadáveres, ya putrefactos.

El domingo tres de septiembre apareció una mujer, también decapitada, a un costado del Viaducto Jicalán, le faltaba el dedo meñique. Estas cinco cabezas, de acuerdo con las investigaciones, fueron quienes la ejecutaron.

–Ella sí, su corte en el cuello era distinto. No tan limpio. A ella la cortaron con sierra. Yo me digo: ¿pero qué necesidad?

Michoacán 2006: más de 357 muertos por violencia, concentración de una interminable lucha entre grupos de narcotraficantes, sitio de una nueva geografía criminal, zona inundada de droga, cielo purépecha en donde cinco cuerpos sin cabeza no aparecen.

A la una de la mañana del 7 de septiembre, 20 personas armadas, vestidas de negro y pasamontañas, llegaron al Sol y Sombra, estacionaron sus camionetas, ingresaron al bar, dispararon al techo y exigieron a todos tirarse al suelo.

Amagados clientes y bailarinas, integrantes del grupo alcanzaron la pista de baile del bar, en el segundo piso, y arrojaron al centro bolsas negras de plástico de las que salieron las cinco cabezas.

Los sicarios, antes emprender la huída, dejaron una cartulina sobre el piso: "La familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, se muere quien deve morir, sépanlo toda la gente, esto es: Justicia divina".

Don Francisco Magaña mira con detenimiento sus manos, con la que amortaja los cuerpos. Los ha visto destazados, quemados, maniatados, con cinta canela o cinta plata, o partidos en dos partes “cuando se los lleva el tren…”

¿Pero, cinco cabezas?

–Me tocó, después de hacer el reporte de cada una de las cabezas, a las que tomo medidas, características de piel, color de cabello, tipo de labios, y gestos, ver cuando una de las familias acudió por su pedazo de su muerto. Cuánto dolor. Qué desgarre; se deshacían de llanto. Se preguntaban qué les habían hecho… Por qué los habían dejado así.

Sabe que en cualquier momento le volverán a hablar. Confía en que pronto encontrarán los cuerpos.

–Ahora nomás estoy pensando qué tan descompuestos los van a encontrar. Y miro al cielo. Cuando salgo en mi camioneta nomás ando viendo donde revolotean los zopilotes, hablo con los campesinos y les digo que se pongan alertas, que nos ayuden.

Buitres.

Son ellos, parte sanguinaria de la naturaleza, quienes ayudarán a desentrañar las historias cercenadas. ¿Ya estaban muertos cuando los cortaron?, ¿fueron torturados?, ¿cuánto sufrieron?, ¿quién lo hizo?

–O si llegarán convertidos en sopa de arroz.

–¿Sopa de arroz?

–Sí –sonríe con sarcasmo–. Así les decimos cuando nos los traen ya todos agusanados…

Qué dolor.

–Y ya después de que pasó todo eso, ver qué andaban haciendo. Porque blancas palomitas no deben haber sido.

Tres de ellos han sido identificados: Martín Valerio Moreno, de 19 años, David Gómez López, alias "El Mecánico", de 22 y Cristian Michel Reyes López, de 23 años. Tres hombres más fueron levantados al mismo tiempo; nadie sabe su paradero.

A don Francisco las imágenes se le aparecen una y otra vez.

–Siempre ha habido muertos, ejecutados. Pero nunca en tanta cantidad y con tanta saña. Torturados, con las esposas acá atrás, golpeados. Hasta quemados… Y yo nomás me pregunto porqué les hacen todo eso.

–No sólo mirar, tocarlas, tener cinco cabezas. ¿Cómo es, qué significa?, ¿todavía hay asombro en usted?

–No, asombro no. Se imagina, ya tengo treinta años en esto… Pero esa noche sí, regresé a casa con el alma alterada. Pensando quién es capaz de hacer algo así, y por qué. Y me decía: si son seres humanos… Le comentaba a mi mujer, a la hora de dormirnos: en qué andarían metidos…

Y el levantón.

–Sí, desde el momento en que los agarran y se los llevan. ¿Lo harían enfrente de sus amigos?, ¿los sacaron de sus casas?, ¿fueron testigos sus familiares?... Porque ellos desde ese momento ya van convencidos de que se van a morir. Ya saben que los van a matar.

O el cautiverio…

–Ora, cuántos días permanecieron secuestrados. Cuántas horas de angustia. Cuánta tortura. Y sin cuerpos, a lo mejor les cortaron un dedo, una mano… Dos traían cinta canela. Ellos, imagínate, sólo escuchaban lo que estaba pasando. Los gritos de los otros. ¿Estaban amarrados de pies y manos?

Uruapan: convoys de policías circundan la ciudad; a la entrada llegando de Morelia; hacia las salidas rumbo a tierra caliente. Camionetas llenas de hombres armados hurgan en la mirada de quien conduce cada vehículo. Todos, en las horas posteriores a la masacre, son sospechosos.

Pareciera que nada ocurre en las calles de Uruapan, pero la gente desconfía de los visitantes. Cuestiona.

–Y usted, joven, ¿es de México, verdad?, qué anda haciendo por acá.

–Buscando a unos amigos. Visitando tierra bendita. De paseo.

Algo ha cambiado. Se ven pocos turistas. Viajar a Michoacán es sinónimo de cautela. Don Francisco:

–En alguna ocasión allá por la Sierra levantaron a padre e hijo. Yo supongo que por alguna venganza. Llegaron destazados. Al señor le cortaron el brazo. Y de aquí a acá no estaba esa parte: brazo y antebrazo; sólo la mano. ¿Dónde quedó lo demás?, ¿vio el hijo cómo mutilaban a su padre?... Y así. Este es un trabajo en el que quedan muchas preguntas. Sí, así es. Porque ejecuciones ha habido siempre: uno o dos, pero como ahora tanta cantidad: seis muertos decapitados en una sola semana… Eso no. Eso no se veía en estas tierras.

Las preguntas:

–¿Serán de verdad del narco?, ¿serán venganzas?, ¿secuestros? Es una muestra de poder, porque han levantado policías, agentes judiciales. Nadie se salva. Nunca, nunca pensé que me iba a tocar vivir lo de ese día.

–Y menos en una era en la que se supone la gente es más civilizada.

–Sí, está más civilizada, pero hay violencia y estos no respetan nada. Aquí como quien dice el que la debe la paga. Y ya cuando te traen en la mira, ya nadie te salva.

Anochece. Se respira un aire como de película de horror en los caminos llenos de huertos de aguacate; de verdor profundo. Hay que observar la inmensidad de los parajes michoacanos, para imaginar el grado de impunidad que debe haber en camionetas cargadas de asesinos que se pierden por veredas que parecen no conducir a ningún lado.

–La otra vez –continúa don Francisco, quien baja la vista, sentado como está al borde de la silla, como en confesión—llegaron gente de Michoacán alto, a los que nada les importa, y así, sin más, a plena luz del día bajaron de sus camionetas, le subieron al volumen a alguna canción de esas que ellos escuchan, y van sobre el que se las debía. Pum, un balazo. Pum, otro más; se suben y se van. Pero viéndolo bien esas parecen historias de niños; algo como esto no tiene nombre. Yo en esta semana tuve que analizar seis cabezas. Y una de mujer, y de mujer embarazada. Si no les ponen un alto, no sé a dónde vamos a llegar.

–¿Le es fácil dormir después de esto?

–No. Me ha costado trabajo. Cuando ya estoy en la cama cierro los ojos y vuelven esos rostros, ausentes, manchados de sangre. Y digo: si de verdad los levantaron enfrente de sus familias, se imagina qué angustia la de esos familiares. Esperando a ver a qué horas les avisan o sale en la prensa que en tal parte están muertos.

–Un hombre como usted, acostumbrado a los cuerpos, ¿siente tristeza por lo que está pasando?

–No sé si es tristeza, pero todos estos días he andado diferente, cabizbajo. Desolado.

No olvidará la plancha con las cinco cabezas, don Francisco. “La impresión que me dio al verlos”. Espera que en cualquier momento le digan que llegaron los cuerpos.

– Ora si que si los aventaron al agua, el agua ya no los quiere a los tres días y los manda pa`rriba. Si los enterraron en tierra caliente en una o máximo dos semanas los zopilotes nos los van a traer. Si están en la sierra van a tardar un poco más, porque es una zona más fría.

–Se necesita de una sangre especial para perpetrar esto, ¿o no?

–Yo creo que a esa gente algo les falla de sus facultades mentales. Y algo toman, o algo se meten, porque de otra manera, ¿cómo?

Acostumbrado a lidiar con la muerte, este hombre se revela:

–Pero hubo algo más que me conmovió: los chiquillos que ese día fueron al hospital y corrían por los pasillos y querían entrar a la sala de los cadáveres. Háganse para allá, les decía yo. Sáquense de aquí. Pero los niños, caray, son tan preguntones. ¿Y cómo les explica uno lo que está pasando?

Hay miedo, precaución, pero sobre todo un temor infinito en el nuevo territorio de la justicia divina.

Que no acaba la lucha entre los Zetas y los Valencia.

Que habrá más ejecuciones.

Que “ya no hay ni a qué santo rezarle”.







El destino más soleado para morir



Madriguera de asesinos por tradición histórica, en Guerrero cohabitan kaibiles o maras salvatrucha de Guatemala, narcotraficantes y sicarios, o simples vengadores, como quien se autodenomina "El limpiador de traficantes culeros". Hoy como nunca es Tierra Caliente. Cada día aparecen cuerpos destazados, lienzos de tortura, jirones de piel y sangre. Y también decapitados. Cercenados de tajo; abruptos habitantes del otro mundo.

En Acapulco la muerte levanta, parte en raudas camionetas en las que sobrevienen la tortura y el dolor.

Feroz es esta muerte, atroz y sinsentido. Y a su paso caen abatidos empresarios, policías, prestamistas, maestros, comandantes, peritos, taxistas y hasta un pequeño de ocho meses de edad, quien murió hace unas semanas bajo la balacera que también se llevó a su abuelo. Son ya más de 100 muertos en Guerrero, este 2006.

El estado brilla rojo púrpura. Pero sus decapitados...

Justo arriba de la palabra "Gobierno", en el barandal de la oficina de Finanzas, apareció un par de cabezas el 20 de abril. Las primeras: terroríficas, atroces. La morena tez de Mario Núñez tumefacta, ojos cerrados, como una masa informe. En principio, fue difícil de identificar. La figura era grotesca.

Mario Núñez fue comandante, y uno de los policías que repelieron el ataque de cuatro narcotraficantes la tarde del 27 de enero, en La Garita, ufanos tras abatir a cuatro de los delincuentes en esta inusual cacería en la que explotaron hasta granadas de fragmentación. No estaba solo. Al comandante de la Policía Preventiva Municipal, adscrito al grupo Relámpago, lo acompañaba el agente ministerial José Alberto Ibarra.

Y bajo los rictus mortales, la amenaza del grupo criminal: "Para que aprendan a respetar".

Especulan las autoridades la presencia de ex kaibiles, o de maras, de Guatemala. Esa tarde son 5 los cadáveres encontrados, los otros tres presentan una Z finamente horadada en la espalda.

No obstante, concluye la Siedo: "En este método, al igual que el asesino que se roba una prenda de ropa o una parte del cuerpo de su víctima, la decapitación es una firma del trabajo realizado.

"Quienes lo ejecutan consiguen un triple objetivo: amedrentar a sus oponentes, confirmar su presencia en el lugar, pues las características brutales del asesinato llaman la atención, y, por último, congratularse con sus jefes ganando escalafones dentro de la organización".

Recibirían un homenaje tras su partida los policías abatidos. Pero mientras las autoridades dirimen responsables, el 30 de junio y como una broma macabra dos cabezas más adornarían la misma barda. Ahora el letrero advertía: "Un mensaje más mugrosos, para que aprendan a respetar. Z". Dos horas después, los cuerpos serían localizados en un lote baldío del fraccionamiento Mozimba. Pablo Soberanis Palacios y Sergio Patiño Soberanis eran carpinteros. Pablo purgó condena 11 años en la cárcel, por secuestro. Tenía 12 meses libre.

El estado arde en odios y rencores, en venganzas que no terminan. Y aparecen más decapitados: en la Tinaja, municipio de La Unión, los vecinos hallaron el cuerpo sin cabeza de un hombre desnudo y con huellas de tortura. O el encontrado cerca del fraccionamiento Hornos Insurgentes, cuya cabeza fue abandonada a la entrada principal del ayuntamiento de Acapulco, con un letrero más: "Lazcano, para que me sigas mandando más pendejos de tus Gafes. Z". Irma García, su madre, lo identificó: era Hugo Carpio Herrera, de 25 años, originario de El Carrizo, municipio de Tecoanapa, e integrante de los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (Gafes) del Ejército Mexicano. Se dio de baja hacía un año con el propósito de trasladarse a Estados Unidos.

Siete decapitados en Guerrero. El 7 de junio apareció en un basurero de Playa Condesa otra cabeza con alrededor de cuatro días de haber sido degollada. Y así, en este panorama de atrocidades, en el destino más soleado, sin ningún freno la muerte, convertida en sangriento medio de comunicación, se regocija.







Mensajeros de sangre



Es el correo macabro.

Aquí los mensajeros terminan en pedazos, destrozados, tirados a los basureros, metidos en alcantarillas, sepultados en tambos llenos de cemento. Ni se enteran de la encomienda porque en ocasiones es su espalda el lienzo a horadar: ahí se plasman ira y salvajismo.

Ni cómo terminar con esa trama de frases aprendidas de memoria; de amenazas incesantes, de terror que recorre playas, brechas y caminos. No es únicamente el cadáver descuartizado, minuciosamente metido en cinco bolsas abandonadas en la carretera federal Zihuatanejo-Lázaro Cárdenas. La sangre escurriendo de las bolsas donde se repartieron cabeza, piernas, brazos y tronco.

No. Es ese monstruo capaz de succionarlo todo. Ese que vomita letras incoherentes en este absurdo método del correo humano, donde se unen la barbarie y, tétrica, la literatura.

Cada muerto tiene remitente y destinatario. No acaban los mensajes de sangre. Como estos:

"Ahí está tu gente. Aunque te protejan el AFI, soldados y otras corporaciones Valdéz Villarreal, alias La Barbie, sigues tú, Arturo Beltrán Leyva. Y tú Lupillo sigue riéndote, te voy a encontrar. Atentamente, La Sombra”.

Sicarios ejecutaron, descuartizaron y empaquetaron a un hombre a un costado de la carretera Los Cavazos- San Mateo, en Santiago, Nuevo León, con un mensaje sin vericuetos, dirigido al Gobierno.

“Arturo Beltrán Leyva, Edgar Valdez Villarreal, Carlos Montemayor, General Alvaro Moreno (militar), Jesús José Tinoco García, Subteniente, Norberto González, La Sombra, Efraín, Tomás, Gilberto López de la Cruz, Martín Sánchez Sánchez, ellos son sicarios del cártel de Sinaloa... Esto no se va a acabar hasta que capturen a las personas nombradas en esta lista, y está comprobado que estos sicarios trabajan con protección de Generales y Capitanes de la PFP, por ejemplo Martín Eduardo Rodríguez Lagunes... Hasta que el Gobierno deje de protegerlos, es cuando se va a terminar la ola de violencia. De lo contrario van a seguir rodando cabezas, Gracias."

Son interminables las faltas de ortografía al lado de cuerpos acribillados: al lado de una bolsa negra, la cabeza de la víctima, el 8 de agosto en Michoacán, se leyó: “Este es un héroe. Va pa los dedos. y soplones. Ver. Oir. Callas. Si kieres vivir. Vay”.


Misma letra, días más tarde:

“A los dedos y soplones que traicionan la familia. Vay chatos”.

Uno más, en este absurdo correo de sangre: “Esto es para los que intentan manchar el nombre de la familia” a pareció junto a un cuerpo acribillado en la comunidad de Piedras de Lumbre, municipio de Zitácuaro, manos atadas y cinta canela en los ojos.

Danza sin fin de letras y sangre, hay mensajes sobrios. Junto a dos mutilados y esposados en Michoacán, se lee:

"Para que aprendan a respetar; la familia es sagrada”

Y los hay elocuentes, como este: el cadáver de Armando González Avilés apareció el 10 de junio en el municipio de Petatlán, cerca del Panteón Municipal, con rasgos de tortura y al menos 10 impactos de bala; advertía:

“No a la violencia. Mensaje a Austreberto Favela Villanueva y todos los culeros que matan a inocentes. Los voy a eliminar a todos. Atentamente. El limpiador de traficantes culeros. Hasta la vista baby...”.





Los jefes caídos en NL



19:08 horas del 13 de febrero de 2006.

Una bala es suficiente.

Entra por el cuello y va destrozando venas y arterias. Contundente y certero, el proyectil acaba con la vida de Héctor Ayala Moreno, director de policía en San Pedro Garza García.

Conducía el funcionario su camioneta Durango sobre el Bulevar Díaz Ordaz, cuando, de pronto, a la altura del Puente de Santa Bárbara, en la colonia Miravalle de Monterrey, un auto en marcha empareja su camino. Le disparan en al menos ocho ocasiones, pero es sólo uno el proyectil que le hace perder el control y termina por estrellarse contra tres automóviles estacionados.

Recibieron al funcionario ya sin vida, un Ford Mustang, un Chevrolet Chevy, y una camioneta Ford EcoSport.

Héctor Ayala tenía 40 años y durante un tiempo se desempeñó como agente del Ministerio Público investigador y después ocupó diversos cargos dentro de la Procuraduría de Justicia. Tres años tenía como director de la policía.

Y lo que vendría después es arrebatador: la danza fúnebre.

A su velorio acuden funcionarios del municipio de San Pedro así como sus amigos y colegas de profesión, quienes desolados van rodeando su féretro.

Caras tristes y cuestionamientos. Por qué a una persona “tan amable e integra” fue víctima del crimen organizado

Sollozos y consternación, sus amistades lo dibujan: que se trataba de una persona fiel y valiente, que no hacía mal a nadie.

La capilla pronto es inundada por vehículos oficiales y por un sinfín de funcionarios de Nuevo León.

Impresiona con su llegada el secretario de seguridad y tránsito de Santa Catarina, Daniel Cedillo Mosqueda, al hacerse acompañar de más de 10 elementos policíacos.

Ante la ejecución de su director de policía, y con la voz entrecortada, el Alcalde Alejandro Páez Aragón descarta que este hecho sea un golpe directo al municipio más seguro del país.

"Esto es una desafió a toda la sociedad de México, a toda la sociedad mexicana, yo creo que debemos de responder en repudio a la violencia, se está perdiendo el respeto al país, se está perdiendo el respeto la sociedad, es momento en que la sociedad diga un ya basta".

El director operativo de la policía regia, Alejandro Zúñiga, dice que estos hechos violentos deben servir de lección.

“Que esto sirva simplemente de lección, que nos abra los ojos, levantar las antenas y que exista una mayor coordinación con todos, entre todas las entidades municipal, estatal y federal. Creo que debe quedar bien claro que no hay una sicosis por esta situación”.

Cinco horas antes, el cadáver de Javier García Rodríguez, secretario de seguridad pública y vialidad de Sabinas Hidalgo, es localizado, ejecutado a balazos, en un vado del arroyo Sabinas, a escasos metros de la carretera que transita al municipio de Parás.

De 40 años, García Rodríguez tenía apenas 15 días de ocupar la dirección de la dependencia policial, cuando es “levantado” por al menos dos sujetos que viajan a bordo de dos camionetas tipo Suburban, una de ellas en color verde y ambas con vidrios oscuros.

Salía de una reunión con el alcalde de Sabinas Hidalgo, Leopoldo González González. Una hora más tarde, alrededor de las 16:30 horas de ese mismo 13 de febrero, el cadáver, esposado, presenta dos disparos de arma de fuego en la nuca

El crimen organizado ataca Nuevo León.

Algunos meses, después, el 5 de septiembre, Marcelo Garza y Garza, también es ejecutado. Son al menos dos balazos en la nuca y el crimen se perpetra frente a la Iglesia de Fátima, en la colonia Del Valle del municipio de San Pedro Garza García.

El asesino llega hasta donde se encontraba Garza y Garza sentado sobre una banca a las afueras de las oficinas de la iglesia, discuten y, finalmente y por la espalda, le dispara en la cabeza con un arma calibre .45, para después darse a la fuga a bordo de un auto Neón color plata.

Pocos testigos: dos menores de edad y un adulto, se percatan de lo sucedido. Garza y Garza acudió a una exposición de pinturas que se llevaba a cabo fuera de lo que prácticamente son las oficinas de la Iglesia de Fátima, y aparentemente salió del interior unos momentos para atender una llamada.

Horas antes de ser asesinado, sostuvo una rueda de prensa junto al Subprocurador de Justicia, Aldo Fasci Zuazua, en la que dieron a conocer una serie de cambios y rotaciones dentro de la Agencia Estatal de Investigaciones, tanto de detectives como agentes del Ministerio Público investigador.

Y por si el recuento no fuese suficiente, el terror vuelve a las calles neolonesas una semana después y otro funcionario policiaco es abatido:

12 de septiembre, 8:50 horas. Cae a balazos el director de la Policía del municipio de Linares, Nuevo León, Enrique Barrera Nevares.

El cuarto jefe policiaco en 2006 es asesinado afuera de su domicilio en la colonia San Francisco. Los sicarios disparan con rifles R-15 y pistolas calibre .9 milímetros al vehículo al que se subía el oficial.

Barrera Nevares es emboscado afuera de su domicilio ubicado en la calle Dos Culturas de la colonia San Francisco. Más de 20 disparos, antes de huir en dos vehículos, un Altima color negro y una camioneta blanca.

Barrera Nevares había recibido amenazas a través de la frecuencia interna de la policía, práctica común realizada por el grupo autodenominado los "Zetas", el brazo armado del cártel del Golfo.

Tras el asesinato, el sector industrial de Nuevo León propone al gobierno estatal recortar el presupuesto destinado para el Fórum Universal de las Culturas 2007 y reasignarlo a estrategias para combatir narcotráfico e inseguridad.

En conferencia de prensa, el director de la Cámara de la Industria de Transformación (Caintra) en la entidad, Guillermo Dillón Montaña, manifiesta que los empresarios del sector tienen un enorme grado de preocupación por las constantes ejecuciones en la entidad.

Sostiene que hay que "blindar a Nuevo León y alejar al crimen organizado de nuestro estado, necesitamos manuales de procedimientos para que los colegios sean más cuidadosos al admitir alumnos en sus escuelas filtrando y conociendo los antecedentes y la procedencia de sus padres”.

Cuatro. Cuatro jefes de policía acribillados.

Y el maldito 2006 que no termina.



La muerte de Ponciano



Los Vázquez Lagunes han sido relacionados, desde hace más de dos décadas, con dos negocios: la ganadería, la política y el narcotráfico.

Y así murió Ponciano Vázquez Lagunes, encontrado el 10 de junio de este año con el cuerpo atravesado por cuatro tiros nueve milímetros, uno de estos en la cabeza.

Junto a él estaban muertos cuatro hombres más, medio amontonados en el interior de una camioneta Durango texana y salpicada de agujeros R-15, en un camino de Huimanguillo, Tabasco.

Los torturaron y los mataron en otro lugar. Estaban tiesos, así los encontraron unos campesinos del ejido La Lucha.

Ponciano, alias “El Pony” era un ganadero, agricultor veracruzano dedicado al cultivo de cítricos y empedernido apostador de carreras de caballos.

También era hermano de Cirilo Vázquez Lagunes, “El Cacique del Sur”, oriundo de Veracruz a quien se le ha pretendido relacionar con el comercio de estupefacientes y el patrocinio de campañas políticas.

El empresario muerto fue secuestrado dos semanas atrás en un centro comercial de Villahermosa junto con su compadre, un veterinario de nombre Adrián Junco Cruz.

Ambos fueron asesinados con otros tres hombres: Luis Vidal Vázquez y los hermanos Raúl y Antonio Rodríguez Medina, levantados en un rancho ubicado a las afueras de la capital tabasqueña el mismo día, 26 de mayo.

Cirilo denunció un “crimen de Estado”, que su hermano fue detenido por 40 elementos de la AFI a la vista de todo el mundo, que horas después le exigieron 20 millones de pesos de rescate, que alguien lo vio en las instalaciones de la SIEDO y que las negociaciones se suspendieron el 5 de junio.

Y que luego sólo le tocó recoger el cadáver de su hermano y acusar.

Reclamó que no contó con el apoyo del gobierno priísta de Tabasco –pretendió candidaturas por el PRI–, al que en su momento apoyó, ni del panista de la federación y amenazó con cambia de bando político, luego de ser candidato blanquiazul a diputado federal en 2003.

Para entonces, ya apoyaba a la Coalición por el Bien de Todos a través de la cual, pretendió una candidatura para la senaduría de su estado.

Pero Cirilo Vázquez Lagunes no sólo tenía una exitosa carrera empresarial y una endeble carrera política: ha pisado la cárcel en al menos tres ocasiones al verse acusado de homicidio y tráfico de armas y drogas en Veracruz y Puebla, entre 1983 y 2003.

La prensa y policía locales relacionaron el asesinato de Ponciano con la disputa de rutas de tráfico de enervantes entre el propio Cirilo y bandas locales, entre estas “Los Michoacanos” y “Los Chinos”, ésta última señalada como ejecutora de Jesús Zepeda Murillo, familiar de los Arellano.

“El Cacique del Sur”, cuyas influencia se extiende sobre 13 municipios veracruzanos y se extiende hasta Tabasco, se ha defendido con el argumento de que es un perseguido político desde la época de Fernando Gutiérrez Barios y un benefactor social.

La política se logró mejor en sus hijas, una ex diputada federal, Regina Vázquez Saut, “La Paloma del Sur”, y la alcaldesa de Acayucan, Judith Vázquez Saut.

Ponciano era, además, hermano de otro diputado federal, Jesús, quien obtuvo el cargo, al igual que las hijas de Cirilo, mediante postulaciones panistas las cuales, apoyó desde la última vez que estuvo preso, en 2003.

En Tabasco, durante este año, han sido ejecutados alrededor de 16 personas en situaciones relacionadas con el narcotráfico.

Mientras que en Chiapas, en la zona limítrofe con Tabasco, se tiene conocimiento de una docena de asesinatos, secuestros y levantones durante 2006.





Conteo preliminar: 24 cadáveres





Arizpe, Sonora.– Todo empezó en Cananea, sobre la carretera 89 que conecta con la 15 hacia Nogales, al Norte de Sonora: un comando a la usanza militar logró someter a la policía de esta ciudad minera y, sin realizar un solo disparo, con movimientos precisos y estudiados, sacaron de su casa, aún en calzoncillos, al empresario zapatero José Villela López.



Su destino inmediato: una pick up último modelo.



Su estatus: “levantado”.



Esto es la guerra. Ya no hay duda, pues no sería el único “levantón” de la tarde, al menos seis civiles más, e inclusive cinco policías fueron sometidos por el comando armado de aproximadamente 20 vehículos, con unos 50 hombres con fusiles de alto poder. Dos de los civiles y los cinco policías, que patrullaban la ciudad, fueron ejecutados de inmediato.



Próspera jornada para los sicarios del Cártel del Golfo, según indican las autoridades al hablar de los presuntos responsables: primero levantaron a dos policías en El Puerto, módulo perteneciente a la comisaría de Cuitaza, a quienes arrojaron a un barranco después de torturarlos. No murieron, pero se debaten en el hospital.



Los otros cuatro civiles, entre ellos dos mujeres menores de edad, tuvieron mejor suerte: fueron liberados a salvo, pues hacia las dos de la tarde, policías estatales y pistoleros se enfrentaban en un rancho ubicado entre Arizpe y la comunidad de Buena Vista. Demasiado tarde.



Se quejaría el gobernador Eduardo Bours Castelo: “Es inaceptable. Lo que pasó en Cananea es a todas luces inaceptable: que un grupo armado recorra 400 kilómetros y no se tenga reporte hasta que los ubican agentes de la Policía Estatal Investigadora y después de eso empezar a reaccionar, se necesita inteligencia de avanzada, porque en esta ocasión falló.



Entregaba armamento a los policías de Ciudad Obregón, cuando el gobernador debió insistir: los sujetos armados transitaron por carreteras federales, y los encargados de vigilar esa área nunca vieron nada.



Cinco horas, 300 minutos de balazos después, un conteo preliminar: de acuerdo con el Procurador de Justicia del Estado, Abel Murrieta Gutiérrez: 15 presuntos delincuentes muertos sin ninguna baja de elementos estatales.



Pero el número de cadáveres en Arizpe sería, al final del tiroteo, de 24 en un sólo día, pues la Policía Estatal Investigadora encontró los cuerpos de dos sicarios más a un kilómetro del lugar donde ocurrió el enfrentamiento.



Y podría aumentar, pues hay versiones de que en la parte alta de la sierra cercana a Arizpe, en helicóptero detectó nueve cuerpos más de sicarios abatidos.



Informó el procurador que hacia la madrugada otro grupo de delincuentes logró escapar y siguió avanzando por la sierra, por lo que tuvieron que suspender la persecución para esperar la luz del día y no exponer más a sus elementos; que en el arsenal asegurado se contabilizaron 13 vehículos, más de 100 armas largas y equipo de radio comunicación; y que, aunque hasta el momento no se habían identificado a todos los sicarios, “eran originarios de los estados de Chihuahua, Estado de México y Tamaulipas”.



Horas más tarde, y aún con el ambiente impregnado de muerte, arribarían al norte de Sonora alrededor de cien agentes de la Policía Federal Preventiva.



Todavía olía a pólvora, y alardeó Eduardo Bours:



“Hoy se dieron cuenta que tenemos capacidad de respuesta, pero necesitamos inteligencia para la prevención. Al no tener informes de lo que pasaba por las carreteras, tenemos claro que hay una enorme falla, y es falla de las gentes que deben vigilar las carreteras; es clarísimo. No obstante, en ningún estado han tenido respuesta como la que tuvimos en Sonora”.



La madrugada de Cunduacán



El problema fue la alteración del orden público.

Horas después, el humo de tres camionetas incendiadas de la policía a bazucazos fue el señalamiento que puso en el mapa de la narcoviolencia a Cunduacán.

La madrugada de ese día, 16 de julio, un grupo de sicarios relacionados con los Zetas pretendió abrirse paso en dos ataques distintos con una bazuka y lanzagranadas para liberar a uno de sus líderes, el comandante Mateo.

Los caminos de Cunduacán quedaron dibujados por la muerte de cuatro hombres y las heridas de otras siete personas.

La escena no ocurrió en Nuevo Laredo, Tijuana o Culiacán.

Los 30 minutos de fuego entre los pistoleros y policías se vivieron en la madrugada de Cunduacán, Tabasco, un pueblo de maíz y cacao en el que nació Mateo Díaz López.

Para mayores señas, el comandante Mateo creció en el ejido La Libertad, de donde salió para integrarse al 15 Regimiento de Caballería Motorizado el 16 de septiembre de 1996.

En los últimos dos años, los caminos de Tabasco se han convertido en los senderos del trasiego de drogas, de levantotes y secuestros, de ejecuciones y narcovenganzas: los cárteles de Sinaloa y el Golfo han extendido e intensificado su guerra al sureste.

Tan sólo en Tabasco, alrededor de 20 personas por ajustes de cuenta entre gavillas del narco que alcanzan a Chiapas, en donde se tiene conocimiento de una docena de levantotes, secuestros y asesinatos.

Mateo desertó dos años y cinco días después de su ingreso a las Fuerzas Armadas. Entonces ya era especialista en operaciones en la sierra, para integrase a los Zetas.

Vivía en Matamoros, pero la noche del 15 de julio pasado estaba de vacaciones, si es que los narcos las tienen. Al menos, visitaba a sus padres.

Fiel a su fama de bebedor, pendenciero y mujeriego, Mateo trasnochó en la cantina “La Palotada”. Mateo no cayó tras una refriega, ni la conducción de un cargamento de coca o marihuana.

Excedido de copas, hizo el suficiente alboroto como para que en medio de la selva se le acusara de escandalizar el orden público.

Mientras era conducido a la barandilla —en compañía de un nicaragüense que lo acompañaba, Darwin Alejandro Bermúdez Zamora—, ahí llamada Casa de Justicia, alguien permitió que Mateo se comunicara con su gavilla.

Pasada la media noche, el cuarto destinado al encierro de borrachos fue asaltado por 15 hombres vestidos como de la Agencia Federal de Investigaciones, un disfraz recurrente entre los sicarios.

Según el Gobierno estatal de Tabasco y la Procuraduría General de la República, 10 sencillos policías municipales —dos caídos en el enfrentamiento— lograron repeler a los Zetas, cuerpo paramilitar del Cártel del Golfo.

El combate se suspendió. Tres horas más tarde, los sicarios regresaron. Pero se toparon con un refuerzo de 60 policías estatales y judiciales. Los Zetas desenfundaron al menos un bazuca y varias granadas de fragmentación.

El fuego se robó media hora de la madrugada de Cunduacán. El agente estatal Armando de la Cruz murió calcinado dentro de su patrulla. Cinco oficiales y dos mujeres fueron alcanzados por el plomo. Un pistolero fue herido. Pero los ex militares no lograron la recuperación del comandante Mateo.

En su huída, los Zetas abandonaron los cadáveres de dos hombres secuestrados y al arsenal utilizado para el asalto de Cunduacán, cuando se alteró el orden público.



Los siete de Amatlán



Fue un asunto entre matones, finalmente unos lo fueron más que otros.

Los cadáveres fueron arrojados en un paraje de Amatlán de los Reyes, Veracruz, con el tiro de gracia, los ojos vendados, amordazados y maniatados con cinta canela. Ninguno tenía más de 30 años. Todos llevaban el cabello corto, tipo militar.

Y ese día, 22 de febrero de 2006, los sicarios que mataron a los otros siete, después de ejecutarlos, los llevaron al monte y ahí los dejaron, cada uno con su agujero .38 o .45 en la cabeza, cada uno con su crucifijo de madera.

Todos estaban sembrados entre la hierba, rodeados de ocozotes, encinos, fresnos, álamos y sauces. Hacía frío, el aire estaba húmedo y la tierra también, regada por venitas del río Blanco.

Veinticuatro horas atrás, cuatro de ellos fueron levantados en una casa de Boca del Río –propiedad de una funcionaria estatal– por más de 15 hombres vestidos como agentes de la AFI que se transportaban en vehículos estampados con esas siglas. La Procuraduría se deslindó.

Los otros tres fueron relacionados con un arsenal descubierto días atrás en el pueblo de Tres Bocas.

Algunos de los secuestrados habían sido secuestradores un año y medio atrás, el 14 de noviembre de 2004, cuando volcó un tráiler en Ciudad Mendoza con dos millones de dólares ocultos, propiedad del Cártel de Sinaloa.

Los pobladores habrían rapiñado los costales de frituras en los que iría escondido el dinero. Poco antes, Joaquín “El Chapo” Guzmán, ya había perdido tres millones de dólares en ese mismo estado.

Horas después del accidente, la población fue tomada por asalto por un grupo de matones que buscaban el dinero.

Las versiones policíacas al respecto no precisan si éste fue encontrado o si nunca llegó a Ciudad Mendoza, es decir, el dinero pedo ser sacado del camión antes de que ocurriera el accidente el cual, habría sido simulado.

Al menos tres de estos pistoleros, regresaron el 20 de febrero a Ciudad Mendoza. Secuestraron a cuatro pobladores de la familia Martínez Villagrana y, tras acordar con ellos mismo el pago del rescate, los liberaron en la madrugada del 21 de febrero.

Los secuestradores estaban a unas horas de ser secuestrados, de que entre las manos se les colocara una cruz de madera, de recibir un tiro de gracia, de ser tirados entre la hierba húmeda. De ser tres de los siete de Amatlán.

En Veracruz, tan sólo en lo que va del año, han ocurrido al menos16 ejecuciones.

En la lista se incluyen los siete de Amatlán y cinco oaxaqueños relacionados con el gobierno de su estado y a quienes rociaron con las R-15 tras emboscarlos en la carretera federal Veracruz-Xalapa.

Pero en el estado ya se tiene experiencia en la narcoviolencia, en el rastro de sangre que deja la traición y el contrabando.

En 1995, Jesús Cabrera Guerrero robó un cargamento de marihuana a la agrupación liderada por los Sánchez Tabeada, quienes respondieron con la ejecución de 21 elementos en Cahuapan.

Aunque fue un hecho aislado, insólito. Ya no es así. Veracruz es suelo de trasiego de cocaína y mariguana que se disputa con plomo y muerte.

Y de los de Amatlán de los Reyes, uno de los siete ejecutados fue reconocido en la morgue por su padre. Era tabasqueño, lo vio por última vez seis meses atrás, cuando se despidió para irse al norte, a Estados Unidos.

“No sé en que andaba metido”, dijo la mujer y se llevó a Melvin Alfredo García Vargas, de 18 años, a punto de descomposición.

Los otros seis siguieron su camino juntos, hasta la fosa común.

5.2.08

Y no fue en defensa propia

En las últimas semanas, y con la idea de extraer de la historia algunos datos de los Juegos Olímpicos México 68, me di a la tarea de buscar aquellos primeros textos. Ya ha pasado algún tiempo, pero las bóvedas que conservan la hemerografía del país no dejan de remitirnos a nuestras propias entrañas. Este es el sexto o séptimo trabajo que publiqué en toda mi vida. En 1987 participábamos en un taller de crónica impartido por Huberto Batiz en el Museo Carrillo Gil, y tras leer una docena de crónicas, el maestro escogía las publicables. Y entonces: el orgullo de tu firma a doble pleca, de tu texto enmarcado; el relato cronicado, el codearte con firmas como la de Humberto Ríos Navarrete, Amilcar Salazar, Josefina Estrada, Guillermo Vega, Naief Yehia, Guadalupe Loaeza... Y el pago, de 15 mil de aquellos olvidados pesos. Uy, me gana la nostalgia... Se los dejo.


Pedro Díaz G.

Con la seguridad que da la costumbre, ese día El Chemo y su banda cruzaron cuidadosamente cada carril de Plutarco Elías Calles, Eje 4 Sur, para llegar con aires de poder a la tienda de Trini.

Semanas antes habían comenzado a visitar esta miscelánea en plena colonia Moderna. Nunca compraban, y, sin embargo, se surtían exigiendo:

—Qué onda, Trini, ya llegamos por nuestras chelinas. Discútase, ¿No?

Por sus casi seis décadas Trini no podía más que acceder a la petición que los jóvenes pachecos, activos y medio pedos le hacían y con tono maternal cada domingo y algunas veces entre semana, les decía:

—Sí, hijos, llévenselas. Ái luego me las pagan –convencida de que esto nunca sucedería.

Siempre atendía ella el pequeño changarro. Sólo muy de vez en cuando le ayudaba alguno de sus hijos. Este domingo fue diferente. El Púas, hijo menor de Trini, de 19 años, estaba detrás del mostrador cuando llegó la banda.

-Qué onda, maestro. Rólate unas kawasakis.

Y sin esperar respuesta abrieron el refrigerador que contenía los envases con los seis grados de alcohol que con ansia loca buscaban. Sin respirar siquiera tomaron unas caguamas y dos que tres six y salieron hacia su barrio, San Pedro Iztacalco.

El hijo de Trini no pudo controlar la impotencia, el coraje, el encabronamiento, y sin pensarlo salió en busca de su mercancía. A sólo dos pasos de la tienda El Púas quiso arrebatar la bolsa donde habían guardado las cervezas, pero uno de los chavos arremetió contra él pese a lo lento de sus reflejos y no más de dos segundos era toda la banda la que se lo surtía, sabroso.

Pero por los gritos de algunos niños, el esposo de Trini se dio cuenta de lo que sucedía y salió de su casa para ayudar al agredido. Luego de algunos minutos, no más de tres, el señor dio un codazo a El Chemo, justo en la barbilla. Fue suficiente para que perdiera el control y se proyectara contra la estructura de concreto que sostiene los postes del eje vial.

Y todo fue silencio. El Chemo no se movía. Sus cuates intentaban ayudarlo. Todos se preocuparon.

—No lo muevan –decían algunos.

—Ya llamamos a la ambulancia –otros.

Horas más tarde, El Chemo moría en el hospital. Y por unos cuantos metros, del interior de la tienda al poste, el esposo de Trini fue detenido y acusado de homicidio en la vía pública y no exonerado por defensa propia.

Ahora está preso.

Trini no se preocupa por su marido.

—No lo extrañaremos. Casi nunca estaba con nosotros.

Y con desenfado:

—Era medio gandalla.

En el velorio de El Chemo, hermanos y cuates de la banda dijeron:

—Vamos a matarle un hijo a Trini; vamos a quemarle la casa para que estemos a mano.

Lo juraron.

Y eso sí le preocupa.




4 de septiembre, 1987